Melinda Piantanida

Conocí a Meli en alguna marcha, tenía el pelo teñido de rosa. Probablemente le haya preguntado qué equipo tenía y hayamos empezado a hablar desde ahí, yo solía hacer eso. Recuerdo eso y que un día me prestó su 35mm para alguna cobertura. Vive en un edificio cerca de mi barrio, en la puerta suele estar “Frida” su Citroën. Ya había estado en su departamento un par de veces, y desde ahí salimos en auto hacia diferentes escenarios: la toma de la UNRC por ejemplo, o una reunión organizativa de “La Marcha de la Gorra”. Milita en “Seamos Libres” y está a cargo de las cuestiones de comunicación (entre muchas otras). También me ha invitado a reuniones en el Centro Cultural “El Viejo Cooke”, que se llama así en honor a John William.
Su departamento está plagado de referencias políticas, feministas, culturales. Las que más recuerdo son: la bandera de Cuba, la foto de Sebastian Miquel que se usó en la campaña por la libertad de Milagro Sala, un pañuelo verde, dibujos sobre la diversidad, una foto de evita, una foto de una marcha, y un dibujo de Guille Pachelo.
Cuando me senté estaba preparando el mate, me preguntó por qué llevaba adelante el proyecto este de los retratos. Le dije que era una forma de hacer lo que quiero pero con cierta profundidad. Le conté del libro de Longoni “Imágenes Apuntadas”, que la idea era contar con palabras cómo voy haciendo cada retrato, y aprovechar para hacer circular alguna referencia política. Sacó un libro de Hernán Vaca Narvaja, “Masetti”, me dijo que me encantaría, que era un desaparecido. Me puse a mirarlo, en la contratapa tiene una foto del negativo de la famosa foto de Korda sobre el Che.
Le pregunté por su militancia, empezó desde muy jóven, con los franciscanos, en Tobantirenda, un paraje cerca de Aguaray, al norte de Salta. Organizando “Maratones de Salud” (controles de salud para niños) y que esos fueron los primeros pasos hacia el feminismo. Me dijo que militaba desde la escucha, y me contó de una nena Mayra, de quien guarda una foto en papel mate.
Antes de “Seamos Libres” donde ejerce un feminismo “con base más teórica”, pasó por otras agrupaciones estudiantiles. Le pregunté por un libro que representara lo teórico y me contó de “Putita Golosa” de Luciana Peker. Mientras hablábamos se paseaba Ramón por la mesa, su gato bizco. Comentó que su padre le había sugerido en chiste llamarlo Néstor. También me contó que su abuelo Enrique era peronista, y me mostró una foto que tenía de él en la sede del PJ.
En cuanto al retrato, cada vez que yo levantaba la cámara se incomodaba, por lo que me fue difícil acercarme, le dije que me gustaría trata de hacer la foto en el Citröen, donde resultó que se sintió más cómoda.

Fotos: Román Morando

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